
Aquí va mi pequeña crónica del Maratón de Castilla-La Mancha, o Quixote Maratón, que se disputó el pasado 30 de octubre en Ciudad Real. Sí, ya lo sé, ya ha llovido, ha pasado un mes desde la carrera. Tantos que ya hasta siento las piernas. Pero es que últimamente estoy de lo más vago para esto de escribir, como bien sabéis los que de vez en cuando entráis en el blog.
Empecemos con el relato. Tocó madrugar ese día, el despertador sonó a las 6.15, queríamos estar sobre las 8.30 en Ciudad Real para recoger sin agobios el dorsal, calentar y estar listos para tomar la salida a las 9.30, la hora marcada por la organización. A las 7 ya estaba recogiendo a mi hermano, a quien metí en esta movida de correr sin demasiado sentido kilómetros y kilómetros. Beni, desde aquí de nuevo agradezco tu compañía y, sobre todo, el apoyo incondicional y generoso que siempre me das. Eres el mejor, brother. Y meto también en el apartado de agradecimientos a Eva, por los ratos que generosamente se ha quedado sola con las peques mientras yo salía a correr y por haberse ofrecido también a acompañarme a Ciudad Real. Muchas gracias, guapa.
Siguiendo con la crónica, decir que de camino a casa de mi hermano me tocó pasar un control, pero no antidoping, sino de alcoholemia, la Guardia Civil me invitó amablemente a soplar. 0.0, lógicamente, el día que vas a correr un maratón no es el día más indicado para ir 'mamao' o con restos de alguna juerga nocturna.
En algo menos de hora y media llegamos a Ciudad Real y localizamos sin problema el Estadio Juan Carlos I, salida y llegada de la carrera. Enseguida identificamos a los que iban a ganar: un grupo de 6 ó 7 atletas africanos delgadísimos, con cara de no haber comido un cocido en su vida, y con chandals y zapatillas resplandecientes. Estaban recogiendo sus dorsales y de paso volviendo loco al encargado de repartirlos, que las pasaba canutas para encontrar sus nombres en el listado de inscritos. Fue el único momento en el que estuvimos cerca de estos atletas con mayúsculas, porque en la carrera, como podréis imaginar, ni de lejos.

La excepción a esa escasa animación fueron los dos pasos por Miguelturra, donde la gente sí salió a la calle a animar. Hasta se organizan las distintas asociaciones del municipio para distribuirse por todo el pueblo, de tal manera que en una calle está la Asociación de Amas de Casa, en otra la Hermandad del Cristo, en otra la Asociación de Jubilados, etc. Y en otra calle anima la Peña del Real Madrid, con el himno del Madrid a tope, por cierto, lo mejor para que uno del Atleti como yo acelere para salir de allí lo antes posible, creo que fue el momento en que más rápido fui de toda la maratón. Fue bastante 'chanante' el paso por este pueblo, la verdad. Incluso al pasar por la plaza del ayuntamiento había un “speaker” que decía tu nombre por megafonía, un puntazo.

Debo decir que, para lo que son este tipo de carreras, no sufrí demasiado y que además siempre tuve la extraña certeza de que llegaría a la meta. En ningún momento se me pasó por la cabeza abandonar, ni tan siquiera tuve la tentación de pararme y caminar un rato, como hicieron algunos corredores. Y eso que a partir del kilómetro 30, cuando empezaron a cargarse las piernas y a aparecer pequeños calambres, mi ritmo fue decayendo de forma notable y uniforme. Creo que, modestia aparte, mentalmente pasé la prueba con nota.
Y físicamente, para el entrenamiento justito que llevaba (3 meses haciendo una media de 40 kilómetros por semana, en 3-4 salidas), creo que se puede decir que aprobé. Terminé, que era de lo que se trataba, y en un tiempo más o menos decente, aunque algo más lento de lo que esperaba. El tiempo final fue de 4:05:48, a 5'50 el kilómetro. Empezamos con un ritmo de 5’30 que mantuvimos sin problema hasta el kilómetro 18, cuando Beni notó el cansancio y tuvimos que bajar un poco el ritmo. Yo a ese ritmo tragaba kilómetros sin problemas, iba muy cómodo, la verdad. Al final la media la pasamos en 1:58, más o menos según lo previsto (mi idea era hacer entre 1:55 y 2:00).
Al pasar por el 21 y finalizar Beni su media (gran mérito el suyo, por cierto, fue capaz de terminar en menos de dos horas llevando un entrenamiento muy corto) aceleré un poquito el ritmo, pero la alegría me duró poco, 4 ó 5 kilómetros quizá, enseguida volví a los ritmos de 5'40, en los cuales me seguía notando cómodo. Hasta el avituallamiento del km 30, donde llegué ya más tocado y paré a reponer fuerzas: un par de vasitos de Aquarius, una botellita de agua y varios trozos de plátano. No faltó más que sentarme y tomar una birra. Pero, me lo pedía el cuerpo, así como en los avituallamientos anteriores sólo había tomado un poco de agua y Aquarius – y porque es lo que recomiendan los que saben de esto, no porque me apeteciera- en este tuve una necesidad imperiosa de ingerir alimento líquido y sólido.
Al pasar por el 21 y finalizar Beni su media (gran mérito el suyo, por cierto, fue capaz de terminar en menos de dos horas llevando un entrenamiento muy corto) aceleré un poquito el ritmo, pero la alegría me duró poco, 4 ó 5 kilómetros quizá, enseguida volví a los ritmos de 5'40, en los cuales me seguía notando cómodo. Hasta el avituallamiento del km 30, donde llegué ya más tocado y paré a reponer fuerzas: un par de vasitos de Aquarius, una botellita de agua y varios trozos de plátano. No faltó más que sentarme y tomar una birra. Pero, me lo pedía el cuerpo, así como en los avituallamientos anteriores sólo había tomado un poco de agua y Aquarius – y porque es lo que recomiendan los que saben de esto, no porque me apeteciera- en este tuve una necesidad imperiosa de ingerir alimento líquido y sólido.
Y a partir de ahí, la parte dura. El ritmo que se ralentiza, los kilómetros que se alargan, las piernas que se cargan y la cabeza que empieza a echar cuentas y hacer cálculos sobre la hora larga que te queda para llegar a meta. Y la forma de correr, que hasta ese momento era más o menos ortodoxa, empieza a derivar en otra cosa, que no sé si se puede llamar correr. Es más un trotecillo 'oxidao', tu flexibilidad mengua y ya casi ni flexionas las piernas, ni subes las rodillas. Pareces tu madre corriendo para coger el autobús o Fernando Romay en un contraataque.
Aún así, y aunque no lo parezca por lo que acabo de decir, iba bastante bien. Bien, dentro de lo que cabe, como contestaba mi abuela Rosa con más de 80 años cuando alguien la preguntaba cómo estaba. Y me llamó la atención que aún marchando así de 'regulero' adelantaba a bastante gente (algunos iban caminando ya) y apenas si me adelantaron un par de corredores.
A estas alturas uno de los ciclistas que colaboraba con la organización decidió ponerse a mi altura y acompañarme hasta la meta, dándome ánimos y ofreciéndome avituallamiento líquido cuando se lo solicitaba. Esto me hizo pensar que debía llevar muy mala cara, porque me extrañó que me eligiera a mí, habiendo otros corredores que iban peor –o eso pensaba yo-. Pero en fin, no me vino nada mal y desde aquí agradezco a esa persona su compañía y sus ánimos. Se las di en persona al llegar a meta y se las vuelvo a dar desde aquí.

Y sobre la pregunta, ¿habrá otros maratones? Pues sí me gustaría, pero ya veremos. Un maratón exige bastante tiempo -y no ando precisamente sobrado- y aparte 'machaca' mucho, mis rodillas han acabado tocadas, ahora cada vez que hago deporte tengo molestias. Ese peaje hay que tenerlo en cuenta. Pero, vamos, me da que con el tiempo acabaré repitiendo y, si sigo teniendo blog para entonces, a buen seguro os volveré a dar la brasa. Avisados estáis.