
Vamos con un pequeño dilema moral que me ha surgido y quiero compartir con vosotros. Resulta que se nos ha estropeado el frigorífico y el seguro de hogar que tenemos nos cubre el valor de los alimentos que se han estropeado, con un límite máximo de 300€. Basta con mandar, junto con la factura de la reparación, una lista con los alimentos que se han echado a perder y su coste aproximado.
La cuestión es, ¿pongo en la lista únicamente lo que realmente tenía, cuyo valor aproximadamente serán 100€, o completo esa lista con otros alimentos hasta llegar a los 300€? ¿Tú qué harías?
Por lo que me habéis ido contestado aquellos a los que os he contado el caso, está clarísimo lo que hay que hacer: ‘tangar’ a la compañía de seguros. De cajón. Pero yo, que debo ser el único habitante de Senolaf que ha nacido en España, quiero hacer lo primero.
Porque, vale, quitar 200€ a Groupama no es lo mismo que quitárselos a una pobre anciana en la calle, pero no deja de ser una mala acción. En eso coincidiremos todos. Y si estamos de acuerdo en que es una acción que no está bien, ¿por qué entonces la mayoría lo hace y, además, sin ningún cargo de conciencia? ¿Cómo justificamos esa acción y por qué la llegamos a ver con absoluta normalidad? Tan normal que, de hecho, lo que vemos raro y estúpido es precisamente lo contrario, actuar de forma legal y dejar pasar la oportunidad de embolsarnos 200 pavos ‘by the face’.

Y dándole otra vuelta de tuerca, pero siguiendo con la cuestión familiar, ¿crees que esa acción contaría con la aprobación de tus padres? ¿Entra dentro de los valores que te han transmitido, de sus enseñanzas? ¿Crees que también ellos, en esa misma situación, falsearían la lista? Yo sinceramente pienso que no.

Shakespeare dijo “ser honrado tal como anda el mundo, equivale a ser un hombre escogido entre 10.000”. Y lo dijo hace ya 400 años, así que si hemos ido a peor, imaginemos cuantos ceros habría que añadir al final...