Señor Echániz:
Ayer mi mujer lloró de rabia al leer sus declaraciones. Mi mujer es médico y trabaja en un Punto de Atención Continuada, uno de esos que usted va a cerrar de forma inminente por “su baja actividad” y porque en ellos el personal médico “está durmiendo en lugar de trabajando”.
En primer lugar quiero decirle que en ese Punto de Atención Continuada había dos médicos y dos enfermeros durante las 24 horas hasta hace sólo unos meses, cuando usted y su equipo decidieron que, a partir de las 20:00 y hasta las 08:00 del día siguiente, bastaba con que se quedara un médico y un enfermero. ¿Eso qué quiere decir? Pues que en ese periodo de 12 horas que va de las 20 a las 8 mi mujer, con otras 12 horas ya trabajadas a sus espaldas, tiene que atender todas las urgencias que se presenten, ya sean 4 ó 20. Así que como usted comprenderá, en esas condiciones, duerme muy poco.
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Echániz y Mato acudiendo al Hotel Ritz a la fiesta del XX aniversario de la revista Diario Médico |
Igualmente, no es lo mismo estar trabajando en una mesa redonda sobre sanidad organizada por La Razón en la sede de ese diario que en un domicilio intentando salvar la vida a un niño que se ha atragantado con la comida; ni es lo mismo estar trabajando en un "Encuentro Global de parlamentarios de sanidad” organizado por la editorial Sanitaria 2000 en el fantástico Parador de Sigüenza que ver a un paciente con Alzheimer desahuciado; ni es lo mismo estar en Madrid en la fiesta del XX aniversario de la revista Diario Médico en los fabulosos jardines del Hotel Ritz que acudir a un aviso donde un hombre que ya no podía más se ha colgado de un árbol en el patio de la casa de sus padres. Por citar sólo tres ejemplos de actividades laborales que han llevado a cabo en los últimos días usted y mi mujer respectivamente.
Yo particularmente me quedo con los profesionales que como mi mujer están al pie del cañón en un centro de urgencias y en un momento dado pueden salvarnos la vida a mí, a mis hijas, a mis padres o a cualquier ciudadano; también a usted, querido consejero, aunque acabe de insultarlos tan gravemente.
Enrique Mateo Gordo
Enrique Mateo Gordo