No soy yo muy de sentirme orgulloso de ser español. De hecho son más las ocasiones en las que me avergüenzo que en las que me siento orgulloso. Pero sí hay al menos un par de cosas por las que me siento tremendamente orgulloso de pertenecer a este país: su educación y su sanidad pública.
La educación pública, gratuita y de calidad, fundamental como instrumento igualador de nuestra sociedad, es, para alguien de familia humilde como yo, digna de toda valoración. Es impagable que el hijo de un camarero, de un albañil o de un agricultor pueda llegar a ser médico, ingeniero o arquitecto. Ahora lo vemos como algo normal, pero esto antes –hace sólo unas pocas décadas- era impensable. Fijaos en los arquitectos, en los médicos o en los abogados de avanzada edad de vuestro entorno, a ver cual de ellos es de familia media o baja. Prácticamente ninguno. Todos eran de familia “bien”.
La sanidad, que nos proporciona la seguridad de que, tengamos la enfermedad que tengamos, suframos el accidente que suframos, pase lo que pase, por grave que sea, seremos bien atendidos, se nos harán las pruebas necesarias y se nos aplicará el tratamiento oportuno, por costosos que estos sean, de forma gratuita, sin tener que vender nuestras propiedades y sin tener que endeudarnos de por vida.
Creo que esas dos cosas que tenemos, que hemos logrado –y pagamos- entre todos los españoles, hay que saber valorarlas en toda su dimensión. Valorarlas y defenderlas.
Creo que esas dos cosas que tenemos, que hemos logrado –y pagamos- entre todos los españoles, hay que saber valorarlas en toda su dimensión. Valorarlas y defenderlas.


A mí me chirría y me indigna que se reduzca más en sanidad y en educación que en defensa o en la asignación a la iglesia y a la Corona.
No voy a entrar en profundidad, pero sí quiero dar dos ejemplos significativos del deterioro de ambos servicios públicos, que creo que hoy por hoy no puede negar ya nadie:
-En el pueblo de mi padre, Garciotum (Toledo), hasta ahora una enfermera se desplazaba al consultorio local cada quince días a realizar allí mismo los análisis de sangre. Este servicio ha sido eliminado y ahora los habitantes del pueblo tienen que desplazarse a Talavera de la Reina. Y de Garciotum a Talavera no se va precisamente en la línea 1 de metro, que pasa cada 2 minutos. Se va en coche y si no tienes, en autocar, el único que pasa, a las 7 de la mañana, y se vuelve en autocar, el único que pasa, a las 3 de la tarde.
-En los colegios se aumenta el ratio de alumnos por clase y se eliminan profesores de apoyo. No hace falta ser muy listo para saber que esto va a repercutir en la calidad de la enseñanza que van a recibir nuestros hijos. Imagina una clase de 35 o 40 chavales y ausencia de profesores de apoyo para echar una mano a los alumnos con problemas de aprendizaje, comportamiento, de idioma, etc.
¿Cómo acabará esto? ¿Se deteriorarán los servicios públicos de forma irreversible o será un retroceso puntual? ¿Es un hecho gravísimo o estamos exagerando? ¿Hay que salir a la calle a defender nuestro sistema, manifestarse, recoger firmas, etc. o hacerlo es una soberana estupidez? ¿Hay otras opciones o verdaderamente esos recortes son la única opción? Como siempre, supongo que habrá división de opiniones, que para eso estamos en España, donde estar enfrentado es el deporte nacional por excelencia.
1 comentario:
Escribes bien, lo dices bien y se te entiende, yo cuando sea joven quiero ser como tu nene. AH, Quique que yo ya, yo ya me he hecho rojiblanca ... era mi destino, ¡¡es manera de vivir y de sufrir!! ese Esnáider, luego Forlán y ahora Falçao ... está claro. Mil besos.
Sole
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